El indagar escrupulosamente en la punta de tus dos dedos, con mi lengua que es catador de sabores a prohibición.
Y besarte ahí justo donde tus labios forman los brotes de un corazón que se expande a los laterales.
Y te marchas ahora por el bien de los dos, que si te quedas un poco mas, puedo llegar a odiarte hasta el centro de los huesos.
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