domingo, 8 de junio de 2014

Blanco

En el treceavo día del segundo mes, advertí tu quietud, atribuyéndola a un posible parto, lo deje pasar, sin embargo, el día más amoroso del año, seguias pasando casi inadvertido en mi tiempo por lo que me invadió la preocupación y me dirigí con un profesional que más adelante me diría que tu pequeña vida estaba en riesgo, habías dejado de recibir oxígeno correctamente, tu corazón tenía una arritmia, ya no danzaba graciosamente, ahora se escuchaba como se escuchan las últimas gotas de lluvia al caer, así que tendría que someterme a una cirugía.

Luché para que no nacieras en un día en que nadie recordaría tu cumpleaños y fue así como pudimos aplazar mi entrada al quirófano hasta las 23 horas.
El equipo de médicos entro en la sala y me movieron a una camilla fría y dura, una doctora me pidió que me pusiera de lado y sentí un fuerte pinchazo en el medio de la mitad de mi espalda, luego un líquido frío acompañado de un poco de dolor y no hubo más que esperar a que la anestesia empezara a hacer efecto.
Empece a sentir como decaía, me invadía la nausea y un frío insoportable, tuve una crisis preconvulsiva, la doctora estaba realmente consternada y preocupada por ti, ya que si yo tenía un ataque, podía perjudicar tu salud. La doctora regañó al doctor Camela, quien llevo el seguimiento de tu crecimiento durante los 7 meses que supe de tu existencia, no debía dejarme comer antes de la operación, y bueno... Comí.
Vomite mi cabello y el piso y la camilla, pero al final me sentí mucho mejor y lista para recibirte, no paraba de preguntar por tu papi, no quería que se perdiera tu llegada, pero sólo me aplazaban su llegada.
Sentí con exactitud cada uno de los cortes en mi piel, mis músculos, el tiroteo para rasgar todo dentro de mi, lo sentí todo pero sin dolor alguno, sólo los cortes certeros.
Pregunté de nuevo por tu papi, esta vez le llamaron para que viera como llegabas, en cuanto entró al quirófano con la cámara en mano, el doctor empezó a hacer presión en mis costillas hacia abajo empujando te a salir, eso si que dolió y me sacó todo el aire, yo temblaba de frío, la anestesia tiene esa característica, te da un frío incontrolable.
De pronto, escuche como se alejaban de mi y tu padre dijo "es la cosa más blanca que he visto en mi vida, no te preocupes amor no es pelirrojo, como querías y tiene unos testículos gigantes, como querías".
Un ansia casi fatal empezó a invadirme, no te veía, no te escuchaba, le preguntaba a tu padre como estabas, donde estabas, nadie respondía, fueron los 3 segundos más largos de mi vida, y de pronto....
00:23 Tu llanto llenó la sala de vida, te escuchaba llorar y yo lloraba, no sabía porque ni como sentirme pero tu llanto me aliviaba, de verdad ansiaba verte.
No se cuanto tiempo pasó, pero empece a perder la conciencia, el cansancio y agotamiento por fin me habían vencido, sólo mi cuerpo ya sólo quería saber que estabas bien y verte para rendirse a dormir durante un largo tiempo.
El doctor te acercó, llorabas un poco y luego entre papá y yo te cargamos y dejaste de llorar. No sabía como cargarte, era tan inexperta, mis manos estúpidas trataban de mantenerte junto a mi pero te resbalabas, te caias, así que implore al doctor que te tomara, no podía dejar de verte mientras te limpiaban y te evaluaban otra vez, tu APGAR fue de 9-10, me sentí orgullosa por primera vez.
Te alejaron de mi para bañarte y me llevaron a la sala de observación, me prometieron que sería poco tiempo y que llegaríamos juntos a la habitación, no fue así, no se cuanto tiempo estuve ahí, pero a mi me parecieron horas. De pronto te escuchaba llorar a lo lejos, ansiaba pegarte a mi pecho.
Por fin llegó el momento, me llevaron a la habitación en la camilla y me pasaron a la cama, tu no llegabas, mi mamá me invadió con preguntas y tu papá mostraba orgulloso el video de su primogénito. Tras una larga espera llegaste, tan pequeño, tan frágil como el cristal de la cuna donde estabas, tan suave como la frazada que te envolvía, la ropa que te llevamos no te quedaba, estabas largo largo y flaquito y bello, te veía dormir, quería cargarte pero la cirugía no me dejó siquiera levantarme, no sentía mis piernas ni mis pies.
El frío me estaba aniquilando, temblaba como perro mojado, pero te veía y todo lo olvidaba, eras tan pequeño, por fin llegó la hora de darte de comer, fué horrible jaja, sentía impotencia al no poderte pegar a mi pecho, llorabas, tenías hambre, me lastimabas, pero insistí hasta que hoy, casi cuatro meses después, puedo presumir que pesas casi 7.500 kilos de pura leche materna.
Te amo Leo

Tu primer momento en la habitación
Tu padre orgulloso
Tu abuelita feliz
Tu segundo día
En casa de abuelita Angy tomando un baño de sol en tu primera semana
Tu primer día en casa
Primera vez en casa de papá
Una de tus primeras sonrisas despierto
A los 3 meses ya empezabas a sentarte
Empiezas a tomar las cosas con tus manitas
Tu el día de hoy







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